Descubre las 3 razones para evitar que tus estudiantes te llamen tía/tío

Los docentes han normalizado en su quehacer la falsa identificación que carga sobre sí mismos; ser llamados tías y tíos como una manera cariñosa de dirigirse hacia ellos al interior de las comunidades educativas a las que pertenecen. Se ignoran las verdaderas motivaciones ideológicas que ejercen influencia tras el instaurado apelativo, que juega con lo emocional, se opone a la lucha por la revalorización de la profesión docente y opera con singular fuerza en la red privada de educación, pero de forma transversal en el sistema educativo.

 

En sociedades como la chilena, se encuentra arraigada esta forma de denominar a los profesores a partir de la etapa preescolar, donde educadoras de párvulo – también mal llamadas parvularias – se convierten en verdaderas tías para los pequeños, relación que perdura hasta por lo menos, el término de la educación básica. Es ilógico pensar que desde la inocencia de los niños o niñas exista un propósito diferente a manifestar el amor y afecto que sienten por sus maestras al nombrarlas como tías. De hecho el acto en sí, expresa el cercano vínculo que se gesta durante el proceso educativo. Pero lo que los docentes deben saber, es que en general los miembros de las comunidades educativas y en particular los estudiantes –de forma intencionada por los grupos de poder- se transformaron en el instrumento que gatilló la distorsión de la labor del profesor, dejando de reconocerse como tal para mutar a una categoría de pariente de sus estudiantes.

Si se indaga en situaciones similares, los médicos son nombrados común y erróneamente como “doctores”, pero a la inversa de los docentes y mal llamados tíos, el apelativo utilizado en los primeros designa un grado académico superior a una licenciatura en medicina y que por lo tanto, da cuenta de la instaurada idea de magnificencia de la profesión médica aunque no se posea el nivel de estudios de doctorado. Docentes y médicos son fundamentales dentro las sociedades por el hecho de que ambas profesiones mantienen relaciones con personas, unos la forman mientras los otros la preservan, pero paradójicamente la sociedad no otorga un valor igualitario o por lo menos equilibrado a ambas.

A continuación se revisan 3 razones por las que todo docente debe rechazar ser considerado tío y no maestro o profesor por sus estudiantes, según Paulo Freire.

  1. Transforma al docente en un pariente postizo:

    El apelativo tío o tía es una forma que expresa cercanía, familiaridad, parentesco. Al aceptar ser llamados tíos, dejan de ser docentes y dan paso a una relación que se aleja de la lucha democrática a paso agigantado pero sigiloso. El tío o la tía se entrega por sus sobrinos, los apoya de forma incondicional como los padres pero añade condescendencia al vínculo, jamás les haría daño, no se ausenta ni los perjudica bajo ningún pretexto. Por lo tanto, los docentes como buenos tíos y tías no deben pelear, no deben revelarse, no deben hacer huelgas porque no pueden sacrificar el bienestar de sus sobrinos.

 

  1. Se opone a la lucha por las mejora de las condiciones laborales:

    Detrás de la cariñosa etiqueta de tío o tía se esconde una sombra ideológica que busca ocultar –aún más- la realidad extenuante a la que se ven sometidos los maestros día a día en las aulas. Desde el hostigamiento burocrático que consume sin piedad tiempo personal fuera de la jornada ordinaria de trabajo, pasando por las indignas remuneraciones que reciben y que los destinan a un presente miserable, aumentando la enorme brecha salarial entre profesores y otros profesionales, sin olvidar las nulas instancias de perfeccionamiento y capacitación. Llamar tíos y tías a los profesores los reduce frente a los intereses de la ideología dominante: mantenerlos quietos, inmóviles, sin voz, sin poder luchar frente a las innumerables injusticias que se perpetúan con el amoroso apelativo, porque una tía, un tío no debe perjudicar a sus sobrinos-estudiantes privándolos de aprender al inmovilizar sus labores en favor de la dignidad que como profesional merece, ni menos en provecho de las mejoras necesarias y urgentes que exige a través de la huelga como mecanismo, mientras el poder político hace oído sordo. Contradictoriamente, pero siguiendo la desacertada lógica instaurada en la sociedad, los que con afecto llaman tíos y tías a los docentes, luego son los primeros que se espantan frente al maestro movilizado, argumentando que los tíos y las tías no deben inmiscuirse en asuntos políticos, sobre todo si sus acciones terminan por perjudicar a los estudiantes que prescinden de educación. Mucha de esta molestia se relaciona directamente con la incomodidad que genera en padres y apoderados tener a los estudiantes en casa sin su tío o tía que ejerza la función de “cuidarlos”, labor que por obligación – y con molestia- deben asumir ellos mismos. Lo que ellos no saben, lo que no ven –producto de la ideología dominante- es que los maestros están entregando su mejor lección: está enseñando sobre democracia en la práctica pura. Mientras tanto los que se oponen, domesticados aceptan las condiciones miserables que en sus propios contextos viven, siendo vulnerados en lo más profundo; son privados de tiempo de calidad para vivir con sus hijos, producto de las extensas jornadas laborales a las que son sometidos. A diferencia de estos, los docentes se atreven a luchar y por tal razón, merecen la empatía del que también es oprimido.

 

 

  1. Desvaloriza la profesión docente:

    ¿En qué momento los docentes dejaron de ser asumidos como fundamentales por los Estados? ¿Por qué las Fuerzas Armadas y las policías tienen un lugar privilegiado dentro de las sociedades latinoamericanas, con remuneraciones de ensueño y jubilaciones que les aseguran un pasar envidiable, mientras los profesionales de la educación y el grueso de la población, por ejemplo en Chile, son sometidos a las artimañas de las administradoras de fondos de pensiones? ¿Por qué los precarios sueldos de los docentes son siempre desde la perspectiva de la clase política dirigente, imposibles de aumentar? Cuanto menos aceptan ser llamados tíos y tías, los docentes más forjan la dignidad y la importancia de la labor docente en sí mismos. Cuando reconocen la tarea fundamental que realizan, se empoderan y transmiten a la sociedad la transcendencia que debe ser reconocida por todos. Mientras más el docente acepte ser tío, más la sociedad se asombra de las huelgas y más se enloda la lucha por la escuela pública y democrática que tanto bien haría a estas sociedades estáticas, con profundas raíces dictatoriales y bajos niveles de desarrollo cultural.

 

Bibliografía: Freire, P. (1993) Cartas a quien pretende enseñar

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